Las poseídas de Stepford, Ira Levin
La Ciudad de la Furia nos trajo un marzo agitado e intenso. Sus calles bullen con el grito de la gente, de gente desesperada y harta. Las redes sociales explotan y los medios, bueno, todo se transformó en un constante debate que cada tanto es necesario dar. El 8 de marzo mujeres de todo el mundo marcharon para hacer visible la discriminación y la violencia que sufren día a día. Uno no puede evitar hacerse eco de los acontecimientos recientes y busca la mejor manera posible de abordar el tema.
La Ciudad de la Furia nos trajo un marzo agitado e intenso. Sus calles bullen con el grito de la gente, de gente desesperada y harta. Las redes sociales explotan y los medios, bueno, todo se transformó en un constante debate que cada tanto es necesario dar. El 8 de marzo mujeres de todo el mundo marcharon para hacer visible la discriminación y la violencia que sufren día a día. Uno no puede evitar hacerse eco de los acontecimientos recientes y busca la mejor manera posible de abordar el tema.
En esta oportunidad les pido viajar cuarenta y cinco años
atrás. El mundo no se vuelve tan distinto a como lo dejamos en el 2017. Gimme Shelter ha calado en la mente de
la juventud; el mundo bipolar parece estar cada vez más al borde del colapso.
La década del 70 está fuertemente marcada por los movimientos antiguerra y
feministas, por la revolución sexual y cultural. Pero también manchados de
sangre, de napalm y de terror. Ira Levin
fue de estos escritores cuyo genio trasciende el tiempo. Admirado por sus colegas
y la crítica, escribió libros influyentes como La semilla del diablo (o mejor conocido como El bebé de Rosemary) y Los
niños del Brasil. Y tenía con qué: Ira Levin fue todo un artesano del
suspenso; construía las historias de forma tan simple que la lectura se tornaba
fluida, llevadera y el misterio iba in
crescendo. En 1972, al calor de la segunda oleada feminista, nació Las poseídas de Stepford.
Hagamos un resumen rápido de la trama: pareja joven y
moderna con dos hijos se muda a un suburbio de Connecticut intentando escapar
de la vida de la ciudad. Sin embargo, lo que al comienzo podía parecer gracioso
y hasta anacrónico (las mujeres de Stepford son madres devotas y dedicadas a su
casa, perfectas y serviciales), comienza a tornarse en una pesadilla conforme pasan
los días. Es preciso que Joanna, nuestra protagonista, descubra qué es lo que
sucede antes de sucumbir al misterioso hechizo que acecha a las mujeres
suburbanas.
Las poseídas de
Stepford no es un libro con grandes descripciones ni tramas secundarias.
Tampoco es una obra que ofrece las excentricidades del terror de la década del
70. Nada más alejado de eso. La ambientación y los personajes presentados por
Ira Levin son lo más normal y terrenal que existe. Stepford es un suburbio con
casas pintorescas, con un centro comercial bien abastecido, con maridos
felices, hijos rozagantes y regordetes, y las mujeres sacadas de una publicidad
de detergente de los años 50. Pero muchas veces la normalidad puede presentar
los elementos más terroríficos. Levin aprovecha esto para trastocar y poner en
el centro de la cuestión las relaciones entre hombres y mujeres. Salidos de
Nueva York Walter y Joanna son descriptos como una pareja moderna, entre ellos
no parecen existir las diferencias; de hecho, son tan modernos que se reparten
los quehaceres del hogar y el cuidado de sus hijos. Sin embargo, la transición
a Stepford viene acompañada de una debacle en la pareja. La cultura de esta
sociedad conservadora comienza a fagocitar las vidas de todos aquellos que
se mudan. Las señales están repartidas desde la escena que abre el libro (un
hombre cargando un maniquí), pasando por el exhaustivo retrato que realiza Ike
sobre ella hasta llegar a la ardua tarea de grabar un millar de palabras en una
máquina. Como una tragedia griega, el final es inevitable.
Ira Levin elige una cita de Simone de Beauvoir
como epígrafe y así la temática queda instalada ni bien se abre el libro. En
ella se dice que la lucha de las mujeres las está llevando a escapar de sus
casas pero que los varones, en su resistencia al cambio, comienzan a buscar
maneras de mantenerlas en las prisiones a las que fueron relegadas durante
años. Joanna, al desarrollar sus actividades cotidianas en un terreno desconocido,
comienza a plantearse qué llevó a esas mujeres a vivir una vida de sumisión y
servilismo. Se plantean preguntas alrededor del rol que tanto hombres como
mujeres ocupan en la familia, en el trabajo, en los amigos, y qué hace perfecta
a una mujer (y si realmente existe un arquetipo de mujer perfecta). Revelar un
poco más sobre la trama sería arruinar la sorpresa del final, pero algo está
claro: aquello que posee a las mujeres de Stepford tiene como finalidad
subyugarlas y quitarles el espacio que les corresponde y que se ganaron con
años de lucha.
Dos versiones cinematográficas se han realizado sobre este
libro, siendo la de 1975 la más fiel a la trama y al estilo del libro. Las poseídas de Stepford nos deja con
una moraleja terrible y es importante que como hombres acompañemos en la lucha a
las mujeres; que realicemos una profunda autocrítica sobre nuestras actitudes
hacia ellas y que trabajemos en conjunto para hacer un mundo mejor para ambos.
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