Apertura clásica 2

Otra vuelta de tuerca, Henry James

Apelar a lo emotivo suele ser un recurso efectivo, y muchas veces un golpe bajo rápido y certero. Al escribir esta reseña le di demasiadas vueltas a cómo comenzarla. ¿Empiezo con una introducción técnica? ¿Intento hacerme el amigable para que la lectura sea más fluida? ¿Tiro toda la información como vómito y dejo que el lector la organice como quiera? Opto por la segunda. Regresando a lo emotivo: el 15 de agosto de 1992 se emitía el primer capítulo de una serie llamada Are you afraid of the dark? (O en castellano, ¿Le temes a la oscuridad?). La dinámica del programa resultaba interesante: un grupo de chicos entre los 13 y los 17 años se reunían durante la noche alrededor de una fogata en medio del bosque a contar historias de fantasmas; actividad que se repetía noche tras noche. ¿Por qué les cuento esto? Primero para apelar a la nostalgia; segundo, para introducir el próximo libro a reseñar.

Este segundo clásico que me dispongo a abordar nació en 1897 de la pluma de Henry James. Prolífico escritor y crítico, James redactó Otra vuelta de tuerca en un momento bastante especial de su vida. Luego de haber sido vapuleado tanto por el público como la crítica a raíz de una obra suya estrenada en Londres, Henry se recluyó en su mansión campestre por un largo tiempo. Este hecho marcó definitivamente la manera de encarar los argumentos de un escritor que se encontraba interesado por la psicología y por los fenómenos paranormales. La época victoriana trajo consigo muy buenas novelas, y Otra vuelta de tuerca es una de ellas.

Vayamos de a poco. No quisiera abrumarlos con tanta palabrería. La historia es sencilla: Flora (de 8) y Miles (de 10), dos hermanos huérfanos que han quedado bajo la tutela de su austero tío, se encuentran en la necesidad de una nueva institutriz. Al llegar a la mansión de Bly, la nueva tutora pronto descubrirá que no todo es lo que parece, y fantasmas del pasado amenazarán con corromper a los niños. Dicho esto, y salvando las distancias entre géneros y autores, lo primero que podríamos decir de esta novela es que su estructura argumental puede ser confundidos por algo de Dickens (niños huérfanos encastrados en un mundo hostil y oscuro), o algo de las Brönte (parajes desolados, mansiones olvidadas por el tiempo y una institutriz en el centro de los problemas). También, en Otra vuelta de tuerca podemos detectar las típicas tensiones de la novela de este siglo: personajes analfabetos vs. personajes educados, la represión de lo sexual; el hombre por sobre la mujer (a pesar del creciente rol de ésta); el pasado como un demonio a exorcizar por medio del silencio.

Sin embargo, hay algo que hace especial a la obra de Henry James y que hace que destaque entre novelas como Casa desolada o Jane Eyre: Otra vuelta de tuerca es una historia de terror, pero no cualquiera. El libro comienza con una escena normal y cotidiana en la Inglaterra de la reina Victoria. Un grupo de personas, reunidas por la Navidad, cuentan historias de fantasmas (algo como lo que hacían Gary y compañía en el bosque de Vancouver. Es así de hecho cómo James logra concebir el argumento de esta novela: de una historia que escuchó en una fiesta). Douglas, uno de los invitados, les propone al resto relatarles la historia más escalofriante que fueran a escuchar jamás. Aquí es cuando la narración se divide en dos niveles –relato enmarcado –y pasamos a conocer la historia principal de mano de la institutriz. A medida que el argumento avanza, comenzamos a sospechar que algo anda mal. Es imposible no ponerse en el rol de un detective escéptico e intentar develar qué es lo que está pasando. Las apariciones de los fantasmas no agobian al lector: son sencillas y lo suficientemente espaciadas para dar tiempo a que los personajes procesen los eventos. La institutriz, poseída por el terror, convence a la señora Grose (el ama de llaves) de que los niños están en peligro y así comienza el descenso de todos los personajes que culminará en, tal vez, el final más odiado de la historia.

Otra vuelta de tuerca no es un libro para quienes gozan de finales cerrados y repletos de explicaciones; a muchos incluso podría causarle dolores de cabeza intentar dilucidar qué es lo que estaba sucediendo. Cuando mencioné que esta novela pertenecía a un género de terror en particular, me refería al psicológico. Henry James supo cómo crear una historia tan versátil y adaptable que, después de casi ciento veinte años, sigue rodeada de misterio y de teorías y explicaciones respecto a los eventos que transcurren en la mansión de Bly. Tanto es así que después de todo este tiempo seguimos sin saber el nombre de la institutriz (James, usted es diabólico). Pero hay algo que continúa siendo un misterio: ¿¡cuándo se va a dignar Netlfix a poner “¿le temes a la oscuridad?” en su catálogo de series!?
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