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El odio que das, Angie Thomas

Una de las principales causas de haber creado el blog era la de demostrarme que no hay literatura buena y mala, sino que existen libros y que cualquier tipo de categorización por fuera de los géneros editoriales y literarios es simplemente subjetiva. Particularmente para mí los libros malos eran principalmente los juveniles (creo que no hace falta entrar en detalle tratando de explicar algo que ya todos sabemos qué es). Y lo sigo pensando, pero no porque su contenido no sea respetable sino porque no se les da el tratamiento que se merecen. Entiendo que son historias dirigidas a un público al que poco y nada le interesa la crítica pero muchos de ellos hacen grandes alegorías al mundo que viene, al mundo en el que vivimos, al mundo que los adultos nos están dejando. Muchos de ellos nos invitan a reflexionar, pero ¿realmente lo logran?.

En esta línea argumental entonces me dispongo a abordar un libro que me llego casi desprevenido. El odio que das es un claro ejemplo de que la literatura juvenil puede ir un poco más allá de a lo que nos tiene acostumbrados. No, esta vez no voy a hablar del contexto en el que el libro aparece porque estaría dando por hecho que usted lector vive en una caja de cristal y no ve tele. Vale aclarar además que este libro ha sido publicado recientemente y que todavía no se encuentra en español.

Angie Thomas nos presenta a Starr, una chica de dieciséis años con una vida relativamente estable y normal. Va a un buen colegio, juega al básquet, tiene novio y un lindo grupo de amigas. Pero todo esto no parece importar (o de hecho sí lo hace y mucho) porque Starr es también testigo de un caso de gatillo fácil. A partir de ese momento, la vida de esta joven afroamericana sufrirá un cambio radical donde se nos presentará con buen detalle lo que es ser parte de una minoría en los Estados Unidos del siglo XXI.

Hablar más del argumento sería arruinar una historia bien escrita que se desenvuelve con gracia y que desde las primeras páginas hace al lector parte del mundo de Starr. Punto a favor de Thomas: sus personajes son tridimesionales, están cargados de historias y de sentimientos que, más allá de que no estén plasmados de manera explícita en el relato, pueden ser hallados a partir de dos o tres indicios en las descripciones. La literatura juvenil se ha apropiado del narrador protagonista en primera persona, muchas veces dando resultados no tan agradables. Este no es el caso. La voz de Starr no cansa, es elocuente, está viva. Ciertamente es un arma y una muy bien empleada.

La temática de esta historia está presente todo el tiempo y así como Angie Thomas crea personajes empáticos, también lo hace con el mundo que los rodea. Garden Heights (el gueto), Williamson (la escuela), los suburbios (la tierra prometida), son todos escenarios atravesados por sus problemáticas diarias y se nos hace saber eso desde el momento cero. Creo que a esta altura no tendría que ser necesario pero por las dudas: El odio que das tiene como temática principal el racismo, del cual luego se desprenden otras problemáticas como la inseguridad (tanto social como económica) y la violencia. Pero por sobre todas las cosas hace hincapié en la brutalidad policíaca, tan latente en el último tiempo. La novela es un manifiesto a toda una nueva generación, es la manera de seguir denunciando el desempleo masivo, la estigmatización y la reclusión a barrios símil guetos que siguen sufriendo las minorías (mal llamadas de esa manera) en Estados Unidos.

El odio que das es la novela que la literatura juvenil estuvo buscando hace tiempo para hacerle justicia al género. Es una historia por momentos cruda, por momentos inocente que personalmente me hubiera gustado que profundizara más en todos los aspectos. Las referencias a los movimientos sociales negros están presentes de principio a fin y, si bien uno puede optar por buscarlos en internet, uno no deja de sentir esas ganas de conocer un poco más de lo que está hablando. Culpo por esto a Middlesex y un poco también a Una vacante imprevista. El primero se toma el trabajo de dar detalles (un poco tergiversados) de los primeros años de la Nación del Islam, mientras que el segundo trata con bastante profundidad temas como el consumo de drogas o las falencias del sistema de asistencia social en el Reino Unido. No obstante, Google no muerde y buscar sobre quién fue Malcom X o las Panteras Negras no le va hacer mal a nadie.

Quisiera creer que la novela juvenil puede ser algo más que un cliché que se repite una y otra vez. Quisiera demostrar que la academia no le tendría que tener miedo. Últimamente me sorprendo más y más con los nuevos títulos publicados. Esperaba, tal vez de manera muy codiciosa, que El odio que das se transformara hacia el final en una suerte de novela moralista pero mi visión era demasiado adulta y después de semanas de haberlo terminado puedo entender una cosa: hay un aura de cuento de hadas, de aprendizaje que sólo se llega a captar cuando uno deja reposar lo que leyó. Es efectivo y a largo plazo, memorable (tanto así que toda la anécdota sobre Natasha me hizo acordar al cuento de Juan Diego Incardona, La nena que levantaba el viento). De algo estoy seguro, espero poder seguir leyendo cosas de Angie Thomas. 
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